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Hasta 100.000 dólares por proyecto

Fundación Ceibal recibió 38 propuestas de investigación en educación y tecnología

Publicado: 11.07.2017

La Fundación Ceibal, que funciona de modo complementario con el Plan Ceibal en cuanto a investigación para facilitar la toma de decisiones a partir de la incidencia favorable en el aprendizaje, desarrolla desde 2015 un programa de entrega de fondos para pesquisas sobre educación y tecnología. El llamado de este año culminó con la postulación de 38 propuestas que podrán recibir hasta 100.000 dólares cada una.
Cristóbal Cobo, presidente de Fundación Ceibal
Pie de foto: Cristóbal Cobo, presidente de Fundación Ceibal

Cristóbal Cobo, presidente de Fundación Ceibal, sostuvo que la principal labor de esta institución, complementaria del Ceibal pero con administración autónoma, es facilitar investigaciones, por lo que maneja un fondo anual de investigación en el que pueden participar universidades nacionales y extranjeras que presenten estudios sobre educación y tecnologías.

Informó que se acaba de cerrar el tercer fondo, con una convocatoria de 38 propuestas. Según señaló, varias universidades extranjeras se postularon después de asociarse con una universidad o institución social de carácter nacional. Como producto del primer llamado, realizado en 2015, recordó que se efectuarán productos y publicaciones de resultados.

Los fondos cubren 80 % del costo de los proyectos de investigación, con una contraparte de 20 % a cargo de la institución postulante. Pueden ser investigaciones con una duración de hasta dos años que soliciten un aporte máximo de 100.000 dólares por proyecto, aunque también pueden presentarse investigaciones por plazos y montos menores.

Innovación pendiente
Cobo explicó que Innovación pendiente es un concepto (que desarrolló en una publicación que lleva el mismo nombre), en el cual se enfatiza que, tras la incorporación de innovación tecnológica y la generación de nuevas capacidades, existe una segunda innovación que es de orden cognitivo, que busca aprender a aprender, a pensar de manera distinta y a aplicar los conocimientos de manera diferente.

Según sostuvo, esta segunda innovación no requiere de una infraestructura tecnológica y no basta solo con que esa infraestructura exista, sino que implica el desarrollo de nuevos contextos de aprendizaje.

Señaló que esto ocurre en un momento en que las máquinas están empezando a desarrollar capacidades de procesamiento muy similares al pensamiento humano, con sistemas que pueden decodificar datos, imágenes, sonidos y que pueden llegar a desplazar algunas profesiones.

En ese sentido, la publicación invita a preguntarse si en estos contextos vale repensar qué se le está enseñando a los estudiantes y si quizás haya que pensar en saberes que no queden obsoletos con el avance de la tecnología, que sean útiles y válidos desde una mirada social, cognitiva y ética, a prueba de los cambios que van a venir en un futuro inmediato.

El funcionario sintetizó: “Es necesario pensar en un perfil distinto de estudiante y ciudadano que pueda dialogar de manera más fluida con distintos saberes, que aprenda mucho más allá del aprendizaje formal, que aprenda durante toda la vida. Implica la labor de docentes que ayuden a problematizar y que puedan desarrollar espacios de aprendizajes que no estén limitados al aula”, afirmó. 

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